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La energía que viene a transformar Europa

Fuente: El País / D. D.

29 de Septiembre de 2026


La energía que viene a transformar Europa

Las moléculas verdes, como el hidrógeno renovable o los biocombustibles de segunda generación, juegan un papel fundamental para ganar independencia energética y competitividad industrial. Moeve prepara un plan para convertir a España en uno de los principales productores del continente.

 

La industria europea se enfrenta al reto del siglo: la búsqueda de fuentes renovables, alternativas a los combustibles fósiles, mientras trata de mantenerla seguridad del suministro y conseguir una mayor independencia energética sin perder competitividad.

La electrificación es una de las soluciones más extendidas para descarbonizar el modelo de producción de energía, pero no es suficiente. Es ahí donde entran en juego las denominadas moléculas verdes, como el hidrógeno renovable o los biocombustibles de segunda generación. España, de la mano de empresas como Moeve, se prepara para ser uno de los mayores referentes del continente en su producción y distribución.

Los biocombustibles se elaboran a partir de residuos orgánicos, como los aceites usados de cocina y desechos agrícolas, ganaderos o forestales, evitando el uso de materias primas que compitan con la alimentación. Su uso puede reducir hasta en un 90% las emisiones netas de dióxido de carbono (CO2) en todo su ciclo de vida, comparado con los combustibles convencionales. El hidrógeno verde, por su parte, se produce a través de la electrólisis, un proceso químico que separa las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno usando electricidad procedente de fuentes renovables como la solar o la eólica. “Los biocombustibles de segunda generación ofrecen un perfil de sostenibilidad significativamente superior a los convencionales”, explica Carlos Olivares, director del Negocio de Biocombustibles y Comercialización de Moeve. Olivares detalla su ventaja principal: pueden utilizarse en motores, infraestructuras logísticas y sistemas de almacenamiento y distribución ya existentes, “evitando inversiones masivas en nuevas redes o tecnología”.

Estas fuentes de energía tienen un papel relevante para descarbonizar los sectores más difíciles de electrificar; como el transporte aéreo, el marítimo y el pesado por carretera o las industrias que requieren grandes cantidades de energía térmica. En estos segmentos, detalla Olivares, las alternativas eléctricas “no ofrecen actualmente la autonomía o competitividad necesarias para operar a gran escala”.

“Los biocombustibles de segunda generación ofrecen un perfil de sostenibilidad significativamente superior a los convencionales.”

 

 

 

 

La aviación es el ejemplo más claro de estas ventajas, ya que los combustibles sostenibles (SAF, por sus siglas en inglés) son “la única alternativa disponible a gran escala para reducir significativamente las emisiones de los vuelos demedia y larga distancia”.

Los biocombustibles de segunda generación son, además, una fórmula indispensable para aumentar la independencia energética. Según el informe ¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?, elaborado por Moeve en colaboración con la consultora PwC, el desarrollo de este tipo de compuestos podría reducir la dependencia del exterior que tiene la Unión Europea a la mitad, desde el 57% hasta el 28% para 2040. Algo especialmente relevante en países como España, que utiliza casi un 70% de energía importada.

Según el informe, el papel creciente de las moléculas verdes las llevaría a sustituir hasta un 50% la demanda actual de combustibles fósiles en Europa en 2050, representar un tercio del mix energético europeo y reducir las emisiones de CO2 en un 22%.

La oportunidad de España

España, precisamente, puede aportar mucho a la configuración del nuevo mapa energético europeo. “Tenemos una oportunidad real de liderar la descarbonización”, indica Alfredo López Carretero, director del departamento de Química de Moeve. El directivo enumera los argumentos para ello: la elevada presencia de energías renovables, el potencial en biomasa, el crecimiento en biometano y una posición “muy competitiva” para desarrollar moléculas verdes como el hidrógeno, el amoníaco o el metanol renovables.

“En España tenemos una oportunidad real de liderar la descarbonización.”

El hidrógeno renovable, en concreto, es una “pieza clave de la transición energética”, según López Carretero. “Si somos capaces de producirlo de manera competitiva, podemos atraer y mantener nuestra actividad industrial”, afirma el directivo. Sus usos son diversos: desde la descarbonización de la industria, como la química o la de fertilizantes, hasta la producción de combustibles sintéticos para la descarbonización del transporte aéreo, marítimo o pesado por carretera. “En Moeve creemos que España puede transformar su ventaja renovable en una ventaja industrial. El hidrógeno renovable puede marcar una gran diferencia frente a competidores internacionales”.

Para aprovechar las ventajas que ofrece España, Moeve desarrolla el Valle Andaluz del Hidrógeno verde, uno de los mayores proyectos de hidrógeno renovable de Europa, en las localidades de Palos de la Frontera (Huelva) y San Roque (Cádiz). María Molina, directora de la iniciativa, resume en una frase su importancia: “No se trata únicamente de producir una nueva fuente de energía, sino de desarrollar una cadena de valor capaz de atraer inversiones, generar empleo cualificado y reforzar la competitividad de la industria nacional”.

 

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